En la “zona cero” de la Xylella / Carlos Zaragoza

oye-closed - 29 Jul, 2019

Carlos Zaragoza Larios
Dr. Ingeniero Agrónomo
carloszaragozalarios@gmail.com

La Puglia  (Apulia en castellano) es una preciosa región que está situada justo en el “tacón de la bota” italiana. Hasta hace poco casi desconocida pero últimamente de moda por sus playas de aguas transparentes y cielos luminosos, sus imponentes castillos aragoneses, sus bien conservados monumentos civiles y religiosos, su deliciosa gastronomía y su paisaje de abundante vegetación. Pero ese paisaje guarda un secreto ominoso que se hace evidente a los ojos de los agrónomos y los amantes de las plantas.

Cuando se deja Bari, la capital, y se baja hacia la zona de Salento, lo más meridional de la región, los innumerables y vetustos olivos comienzan a exhibir las ramas quemadas como si un fuego griego las hubiera afectado. Lo que se va haciendo, poco a poco, evidente y estremecedor, en los alrededores de la bellísima ciudad peninsular de Gallipoli. Son árboles centenarios, milenarios incluso, con marcos grandes e irregulares, como los que se ven en Mallorca, con copas enormes, algunos muy podados, y con las ramillas jóvenes quemadas, brotando descontroladamente por la base, dando un aspecto inquietante, casi dantesco en muchas parcelas. Es la “zona cero” de la bacteria fitopatógena Xylella fastidiosa.

Los olivos más viejos, que son los más afectados, han sido podados severamente, incluso “fraileados”, pues inicialmente se pensaba que así se podía sanear y regenerar el árbol. Pero no ha sido así, y esas podas extremas han conseguido debilitar aún más los árboles.

Los vectores y sus huéspedes

Como sabemos, la responsable de la “malatia” de los olivos en Puglia es la  bacteria X. fastidiosa, subespecie pauca , concretamente la cepa denominada CoDiRO (“Complesso dell Disseccamento Rapido dell’Olivo”), de la que hasta el momento solo se ha identificado un único grupo genético. X. fastidiosa es una bacteria endofítica que coloniza los haces vasculares del xilema causando su oclusión, es decir que los vasos del vegetal afectado se obstruyen y las ramas y hojas se secan porque no les llega el agua y los nutrientes.

La bacteria llega a la planta mediante la picadura de algunos insectos fitófagos, chupadores de savia, los hemípteros: afrofóridos, cercópidos y cicadélidos, de los que destaca el Philaenus spumarius, una pequeña cigarrita espumadora, cuyas ninfas se albergan en algunas plantas produciendo su característica espuma para ocultarse .

Aunque hasta ahora nunca ha sido considerada plaga, su ciclo es bien conocido; los adultos ponen los huevos en otoño sobre la vegetación espontánea, en primavera (marzo, abril) aparecen las ninfas que se refugian y alimentan en la flora arvense y durante el verano se convierten en adultos que son los que pican las hojas de los olivos, almendros,  adelfas,…transmitiendo la enfermedad de los árboles enfermos a los sanos, y poniendo los huevos antes del invierno se completa el ciclo.

La flora donde  viven los insectos vectores son, sobre todo, asteráceas (compuestas): de los géneros Calendula, Conyza, Crepis, Cichorium, Podospermum, Sonchus, Tragopogon…, de la familia apiáceas (umbelíferas): Daucus, y de las caprifoliáceas: Scabiosa, entre otras.

¿Cómo protegerse?

Estamos ante lo que el Prof. J. M. Bové (Academie d’Agriculture de France) ha definido como “la peor emergencia fitosanitaria del mundo”. A la hora de buscar soluciones, como siempre, tener buena información es esencial. Así mismo, la detección precoz es el mejor método para evitar los focos. Al salir del aeropuerto de Bari se ven carteles informativos, en italiano e inglés, indicando lo peligroso que es llevarse plantas infectadas o sospechosas de la zona de cuarentena. Es decir, hay normativa legal de obligado cumplimiento en la UE que impide la salida de material vegetal desde las zonas infectadas.

 

El “Servicio Fitopatologico Italiano” tiene una web que informa detalladamente (www.emergenzaxylella.it). También el MAPA español posee una información importante sobre Xylella (www.mapa.gob.es), así como el Gobierno Balear (http://www.caib.es/sites/sanitatvegetal/) y la Generalitat Valenciana (www.xylella.es).

La conferencia que dio el Dr. A. Fereres sobre vectores de Xylella y estrategias de control en el Simposio de Xylella en Valencia (12-13/12/2018) es también muy instructiva (www.ivia.gva.es)

En Apulia, y en zonas donde se haya detectado la bacteria, las labores superficiales, siegas o tratamientos herbicidas son esenciales especialmente en los momentos más adecuados, a partir de enero y entre marzo y abril, para eliminar las malas hierbas donde pueden albergarse las ninfas de los insectos vectores, en su momento más vulnerable. Hay que desbrozar también los laterales de los campos.

Los insectos adultos pueden refugiarse en verano en los rebrotes de los pies de los olivo, por lo que no está claro si hay que cortarlos o dejarlos para no debilitar más a los árboles enfermos.

Los tratamientos insecticidas también pueden ayudar a combatir la presencia de los insectos en las zonas donde existe la bacteria. Pero por otra parte interesa favorecer la presencia de depredadores de P. spumarius; arañas, himenópteros, y pájaros insectívoros.

Algunos agricultores, desesperados ante la situación en Apulia, están replantando con la variedad ‘Leccino’(de Lecce, capital del Salento) sobre patrón olivastro (Olea europea var. olivaster, un acebuche local) que parece ser resistente a la “malatia” siendo controlada su venta y distribución por el “Servicio Fitopatologico” en los viveros, pues hay que comprobar su capacidad de resistencia y productividad a largo plazo, y si los injertos de esa variedad en árboles adultos mantiene la resistencia.

Así pues, se trata de una zona con una enfermedad bacteriana fuera de control y es una visita que merece la pena, no solo por la belleza y el interés de la zona, sino por ser muy educativa para los técnicos agrónomos y debería ser obligatoria para los políticos encargados de los asuntos agrícolas y medioambientales, especialmente para los responsables de los fondos, siempre escasos, destinados a la investigación aplicada.